Corina Morera Villar  
 
  Alzheimer; 19-10-2017 19:45 (UTC)
   
 
Alzheimer;

        Esto que expongo a continuación, es un fragmento de una novela que estoy creando (aunque muy a largo plazo, pues tengo proyectos más destacados en el tiempo), en la cual, un personaje al que visita la protagonista (Alicia) tiene un avanzado estado de alzheimer. Espero que lo disfrutéis, aunque sea quizás muy triste:



        Ojos de crema ambarina jugueteaban con la luz diurna proyectando oro. Los felinos paseaban a sus anchas por la entrada de la amplia casona al este del barrio de los gatos. La puerta estaba entreabierta, había alguien en el jardín, oía sus movimientos, pero quien fuera no se percató de que llamaba a la puertita de madera agrietada tras los años, y mal encajada en el muro que apartaba al hogar del resto del mundo.


            -¿Hola…?

        Nadie respondió.

        Me atreví con precaución a abrir del todo y a entrar en los dominios que tanto asustaban  a los curiosos habitantes de Riandella… y ahí estaba...

        A mis ojos les dio por abrirse de par en par, sin esperar siquiera que mi conciencia hiciera acto de presencia en la escena. La señora Simón estaba ante mí, quieta, solitaria, mirando a algún punto lejano del infinito que casualmente caía en mi dirección, pero me traspasaba el alma como si nunca hubiera estado enfrente suyo. Tragué saliva, aguantando el torrente salado que pujaba salir por mi mirada tras la sorpresa de hallar lo que ya me habían avisado y aún así no esperaba ver. Qué duro mirar a un ser humano que ha dejado de serlo, pero que sigue en pie, como un recuerdo de lo que fue, como un recuerdo de su propio olvido. Alzheimer…

        Su conciencia, halló el modo de sobreponerse al impacto de la aparición de alguien en su jardín. Por fin me miró. Pero no habló, sonrió como un fantasma cuyo mundo ha sido invadido por extrañas sombras de ignorancia. Qué doloroso el entender que su alma trataba en vano de salir a flote y ganarle la batalla a su cuerpo. Entrecerró los ojos, buscando quizás mi nombre en alguna parte de su desdichada mente, pero creo yo que ni siquiera halló mi esencia.

        Una mujer. No importaba que me conociera desde hacía tanto tiempo como años yo contaba, no importaba que hubiera curado mis gripes, mi sarampión, mi varicela, o que hubiera paliado los dolores de mis primeras reglas. Ante ella no había una Alicia, no había siquiera una conocida. Solo había una mujer.

     Tembló por un instante su cabeza, como dolida por saber que no sabía. Sus ojos se humedecieron y se cerraron junto con sus labios, que se apretaron con fuerza,  en señal de que algo de lucidez aún llevaba dentro. Pero se rindió, porque hacía tiempo que solo podía rendirse… su rostro bajó y desapareció de escena el fantasma que seguía dentro, y otra vez, la carcasa sonriente que me decía “al menos sé que estás ahí…”.

            -Niña, ¿puedo hacer algo por ti?

        La voz por un momento me sacó de contexto y vacilé sin comprender qué había pasado. Era Margot, quien cuidaba de la Sra. Simón, que había salido de la casa para ver quién era la que había traspasado el umbral de la realidad a la locura.

Corina Morera Villar.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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